Sobre mi


Hace mucho tiempo, o quizá no tanto, una niña pequeña aprendió a refugiarse en las palabras, las letras, los libros la ayudaron a rellenar todos los vacíos, los huecos que habitaban en su interior la ayudaron a superar miedos, la acompañaron en la soledad de unos días tristes que parecían no acabar nunca.

La niña fue creciendo y se dio cuenta de que las palabras se le desbordaban y empezó a escribir, descubrió entonces que al hacerlo se liberaba todavía más de todo el dolor que su pequeño corazón acumulaba y siguió escribiendo y soñando en qué quizá algún día podría escribir un libro y devolver todas las palabras que guardaba para que a alguien como a ella la pudieran ayudar.

Un día su madre le entrego sus escritos a una conocida que impartía clases en Cambridge , una malagueña muy salerosa, que escribía y pintaba, divinamente. Al cabo de un tiempo, llegó un poema suyo traducido al ingles y publicado en una de las universidades más antiguas del mundo, con una nota que decía, No dejes de escribir, ¡Nunca, sigue por favor!

Nuestra protagonista no podía creérselo y siguió, pero por poco tiempo, la vida, el destino y el circulo de la vida hicieron que dejará de escribir de la noche a la mañana.

Se hizo adulta y las palabras siguieron en su vida, pero el hueco lo llenó la vida, saber que iba a ser madre fue lo primero para ella, y siguió sin escribir hasta que volvió a cerrar el circulo cuatro hijos después.

Y de repente volvió a escribir, y ya no era para rellenar nada, era para expresar, para comunicar, agradecer, compartir y poder llegar a cumplir el sueño de aquella niña pequeña que se había convertido en una mujer que sabía que en la vida hay que cerrar círculos.


“En el fondo, un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver. Y lo que vemos es la vida”

Robert Penn Warren (1905-1989)