Relatos cortos

relatos breves


Pétalos de poesía también es un blog de relatos cortos. En este espacio he recopilado todos los relatos narrativos cortos que he escrito.

Podrás encontrar relatos cortos de la vida que os darán valor para tomar decisiones que tal vez resulten difíciles, relatos cortos tristes y otros divertidos que os harán soñar.

También relatos breves que narran hechos de la vida cotidiana como el maltrato, el desamor o la amistadRelatos de despedida que son necesarios para continuar.

Disfruta con mis relatos cortos mágicos pues así son las palabras, magia que cuando se unen nos hacen soñar despiertos.

Lágrimas azabaches

Siempre llora, y un pájaro solitario llega volando al quicio de su ventana y alegre se pone a cantar, no sabe por qué le recuerda a él.

 

Llora por tantos años perdidos, derrama lágrimas, solloza, noche tras noche se va llenando de lastima el corazón, la asfixia, se va enraizando en su alma.

 

Un nudo en la garganta, un nudo que ata otro nudo.

Le esperó estaciones enteras, el viento, se llevó sus preguntas que no le devolvió ninguna respuesta. Se fue sin más, sin despedirse y se quedó sola, acompañada de la oscuridad y el eco de sus palabras resonando en su interior.

 

La dejó perdida en algún lugar en medio de la nada. Ya no quedaba nada de él que la hiciera sentir a salvo. Sintió por primera vez la tristeza, a partir de entonces ese sentimiento iría unido a ella, como el calor ardiente del verano pegado a la piel.

 

Maldijo a la soledad, que olvidarle no le dejaba. El silencio fue su opción, lo dio todo por perdido. Con el rostro surcado de lágrimas se entregó a su pena, empezó a percibir que su resistencia se quebraba mientras se perdía en su recuerdo.

 

Respiró hondo y miró al cielo encadenada al mutismo, de repente todas las estrellas se volvieron fugaces. Algo se removió en su interior y sintió que necesitaba un momento para poner en orden su universo. Rumores de vida la acosaron, “Lucha, no te dejes vencer”. Se dio cuenta de que el silencio no la llevaba a ninguna parte.

 

Encontró cientos de razones para abandonar sus recuerdos, esos que la acosaban. Eran trozos, retales de su vida y los fue guardando en cajas imaginarias en lo más profundo de su memoria.

 

 

Se tragó su tristeza, la resignación reemplazó a la melancolía. Diluyó todas sus ilusiones con el agua salada de sus lágrimas, las últimas que brotarían por el pasado, para asumir el control de lo incontrolable.

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Y ellos que creían

Ella se levantó antes que él, miró su silueta blanca sobre la cama, con la punta del pie trazó un dibujo imaginario en la alfombra.

Hacía calor con las ventanas cerradas, las abrió despacio, con cuidado de no hacer ruido. El aroma a verano inundó la habitación. Las cortinas se mecieron despacio y la brisa la hizo estremecerse, se filtraban rayos de luz y motas de polvo revoloteaban a su alrededor. La habitación estaba en absoluto silencio, la forma en que lo miraba resultaba dolorosa.

Él despertó, se llevó la mano a la cabeza y se la pasó por el cabello, se desperezó con una sonrisa que inundó la habitación, ella le devolvió una sonrisa triste.

Ella desvió la mirada para mirar por la ventana, pero su mirada vagaba perdida, en realidad no observaba nada, no veía nada, el cielo gris empezaba a ennegrecerse.

Tuvo la impresión de que ambos estaban esperando algo, se quedaron así un momento, callados. Él se levantó, se acercó a ella, sus manos se rozaron, ella se tensó. Le apretó con fuerza la mano, ella se relajo y sus dedos se entrelazaron.

Se quedaron quietos. Respiró profundo y percibió el intenso aroma de su cuerpo, cerró los ojos y se obligó a pensar

“-Todo está bien”.

Quiso detener el tiempo y los pensamientos que bailaban en su cabeza, pero al abrir los ojos, el reloj seguía marcando los segundos y entendió de pronto que ya no les quedaba mucho tiempo. Sintió un aleteo en su corazón, se obligó a contener las lágrimas y calló, sabía que dijera lo que dijera no sonaría convincente. Él nunca la creería.

Él no sentía que aquello que una vez los había unido se estaba deshaciendo y ella intentó imaginarse lejos de allí, dejar de sentir el miedo en las entrañas porqué ni tan siquiera el presente le bastaba ya.

Vuelve a mirarla y no hace nada, ella vuelve a mirar al vacío. Después de un silencio que ninguno rompió, ella sintió el de alejarse de él. Salir de la habitación, abrir la puerta de la calle y echar a correr, pero debió ser que los planetas no estaban alienados y sus pies se quedaron pegados al suelo y ni siquiera se movió un milímetro cuando él se acercó más a ella, la estrechó entre sus brazos y la atrajo hacia él y aunque su piel se erizó no fuer de deseo como él imaginó, pero calló ella y se preparó para disfrutar él.

Ella disimuló la tirantez de su cuerpo, deshaciéndose de su abrazo. Que impotencia sentía cada vez que callaba, que pena, cada vez que regateaba su boca para no encontrarse con sus labios.

Aprendió a fingir, a contenerse, a dar y no recibir, a asentir a todo con una sonrisa distante, a callar porqué poco o nada tenía ya que decir.

Se le olvidó soñar, se volvió invisible, fría y callada. Aprendió a sonreír de una manera extraña, con risas carentes de alegría, a sostener la mirada con ojos inexpresivos y fríos.

Y de repente su voz rompió el silencio y ella se asustó y se asombró ante lo que escuchaba:

¡Lo siento! y antes de que ella pudiera reaccionar el siguió hablando,

-Siento todo lo que te hice sentir y lo que no. Lo que no puedo darte, mis actos sin sentido, mis palabras hirientes lanzadas como dardos, mis promesas vanas que nada te ofrecen.

Ella no quiere escucharlo, pero él insiste:

-Todo, lo siento todo.

Las lágrimas se cuelan entre sus palabras y estalla en llanto, se abraza a ella derrotado y un silencio negro y profundo se vuelve a apoderar de ellos.

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El silencio de tu nombre

Pensé, también esto pasará, y pasó; pero dolió, escoció, fue duro y costó.
Llantos, sufrimiento, dudas, tormento, incertidumbre, nostalgia, miedo, fueron compañeros de viaje, pero, todo pasó.
Quedó la resignación.
Pasó el deseo incontrolable de querer morirme entre tus brazos, pues no entendía tu abandono, pasó la angustia de pensar en que pude fallar.
Yo no fallé, todo estaba escrito, éramos dos eslabones rotos de una cadena, no supimos leer entre líneas lo que la vida nos brindaba.
Tú escribiste el final de una mustia realidad.
Ausente a mi dolor te llevaste cada uno de mis sueños, tu corazón se olvidó de mi. Yo, dejé de pronunciar tu nombre, dejaste de existir en mis sueños.
No fue fácil vivir de recuerdos, intentar empezar de nuevo. Maldita cordura de mi tormento que tregua no me dio.
No fue fácil encontrar el valor de volver a creer.
Pero un día, el cielo amaneció soleado, ninguna nube apareció en el cielo, la oscuridad dio paso a la luz, me aferré al olvido y pude mirar atrás sin sentir pena ni dolor.
Entonces pude seguir, nuestros destinos empezaban a alejarse. Jugué a olvidar lo que perdimos, dejé que mis lágrimas aprendieran a sonreír y como la memoria es caprichosa, cuando me ganaba la añoranza pensaba…
¿Cuánto de mi
quedó en ti?
Volvió a ser abril, se acabaron todas las preguntas sin respuestas. Y así fue como encontré la luz del sol.

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Como ella quería

En la boda de la abuela, hubo fiesta y algarabía, porque de no poder casarse por la falta de dinero, al final y sin esfuerzo, tuvo la boda que ella quería.

Ella que era novia, deseaba una boda como Dios manda, pero en su época las cosas escaseaban, además había un problema, festeaba con un primo segundo y hasta al Papa había que pedir dispensa, que además costaba trece duros.

Y quiso la ventura, el destino o las hadas que su boda fuera como ella soñaba, porque la fortuna llamo a la puerta de su padre, el hombre que también andaba preocupado por las circunstancias sin poder se gastó una peseta en lotería y en el numero de la suerte dos mil pesetas se llevaron.

Y le dijo el padre a la hija que arreglara los papeles, que la boda estaba dispuesta y ella se compró un traje negro, como mandaba la época, unas medias con espigas y unos zapatos de charol abotonado,

Y llego su gran día, y del brazo del novio iba, le regalaron, tres tortas y por el camino las repartía como buenamente podía.

Al salir de la iglesia, otra sorpresa la sorprendía, cayó una nevada que palmo y medio media, pero ella estaba contenta que ya no era novia, que ya era esposa por el resto de sus días.

Y como el destino lo quiso en la boda de la abuela hubo arroz, anises y dulces, y hubo fiesta como ella quería.

Y hubo amor entre los dos porque como decía la abuela no hay cosa mejor en el mundo que estar enamorada.

                             Gracias yaya Irene, por todo lo que de ti aprendí… estas siempre en mi corazón.

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Bendito destino

Noviembre, vio nacer su amor, al cerrar la puerta de aquella habitación. Todo se desvaneció, el mundo, el tiempo, la distancia, todo aquello que los separaba.

Lo inmediato eran ellos, el presente, que iba arrancando poco a poco para los dos, haciendo más densos los sentimientos.

Se acercaron despacio, uniendo sus manos. Dos corazones, un solo latido, acompasado uniendo deseos.

Ella, levantó la mirada, miró su rostro, sintió clavados sus profundos ojos verdes, nadie la miraba como él, haciendo estremecer su alma y su cuerpo. Se ruborizó, tan solo un instante, sabía a lo que se comprometían, lo besó.

Él, la recorrió con la mirada, ella le suplicó con un suspiro…. Ámame  despacio.

Él con cada beso, fue curando las heridas, cerrando cicatrices con cada caricia, vistiendo su desnudez de ternuras nuevas. Con un profundo, te quiero, se desvanecieron los temores, dejando todo a un lado, menos el deseo.

Recorrió su espalda, conquistó sus caderas, la llevó con él, con la suavidad de sus besos y la ternura de su alma.

Fueron libres al amarse, al entregarse, al darse enteros y entre beso y beso , la vida, la esperanza el amor se hizo un hueco entre ellos, para no abandonarlos ya nunca.

Bendito destino, que nunca se equivoca, pensaron a la vez, mientras se fundían, convirtiéndose en uno, sabiendo que ese amor les salvaría.

Tocaron con la yema de los dedos el principio de algo que se parecía mucho a la felicidad. Consiguieron que la pena no pesara. Se amaron, sintiendo que eran el amor de sus vidas, sabiendo que ya no podrían vivir sin ese amor .

Sentimientos revoloteando por el aire. Sonrieron cómplices, un cruce de miradas sellando un pacto sin palabras y un destino que los dos se merecían.

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Una vez será

Algún día, cogeré un tren dirección a tu casa.

Llegaré una tarde de invierno, de esas tranquilas y soñadoras que tanto te gustan. Esperaré al anochecer para tocar a tu puerta, no me importará que cuando llegue, estés dormida, y si no me abres, subiré por tu ventana para a hurtadillas, colarme en tu cama y rozar tu cuerpo.

Te despertaré muy despacito, con caricias que iré inventando mientras recorro tu piel, y al mirarnos, nuestros ojos brillaran como centellas y ambos sabremos que todo podrá pasar.

Me regalarás una sonrisa soñadora , encantadora y perezosa, entonces yo, te estrecharé entre mis brazos y te ofreceré millones de estrellas y una luna bien bonita.

En una alfombra de flores, recorreré tu cuerpo entero y con nuestra pasión incendiaremos la noche. Me ahogaré en el mar de tus ojos, me beberé la humedad de tus lágrimas, nos besaremos con ansia. Pronunciaré tu nombre una y otra vez y te abrazaré muy muy fuerte para sentir tu calidez e inocencia.

Respirare tu aliento cálido, penetraré en tu interior a través de tu mirada para llegar a tu corazón. Ni tus palabras, ni tu sensatez, lograran detenerme.

Se producirá un silencio, y por mi cabeza cruzará un pensamiento fugaz, que de de pronto necesitará manifestarse.

-Y yo a ti

¿Por qué te quiero tanto?

Una mirada furtiva tuya, una sonrisa cómplice de los dos, y nuestros destinos que comienzan a rimar.

Te escribiré un poema, tú lo leerás en voz alta, o mejor, en un susurro ,que queda más bonito. Iremos tejiendo palabras en el silencio. Y cuando tus ojos se vayan cerrando vencidos por el sueño, te acunaré en mi pecho y te diré al oído:

-Duerme tranquila,

ya no estas sola.

Así, te dormirás, con pensamientos llenos de ternura, y todo lo mío, quedará en ti, para siempre.

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Esperanza

Nunca borraste de tu recuerdo su sonrisa. Nunca olvidaste aquellos ojos que tan intensamente te habían mirado.
Caminaste sin él a tu lado, fue difícil acompasar tus pasos a los de la tristeza. Cuando las noches se hicieron eternas, aprendiste a encontrarlo en tus sueños, y así, al dormir encontrabas la calma.

En las heladas madrugadas su recuerdo acariciaba tu alma dándote abrigo y cobijo. Aprendiste a vivir la realidad de tu día a día pero a veces, tu imaginación se desmandaba en los momentos de desesperación. Te preguntabas como sería, como estarías, donde se habría metido, que no podías encontrar su mirada entre cientos, miles de miradas, mientras sentías que la vida se escurría entre los dedos, tan solo te respondía tu esperanza…algún día..
Diste pasos en falso, te caíste mas de una vez, aprendiste a levantarte con coraje, con fuerza, nuevamente la esperanza te guiaba…algún día…

Deseabas que las cosas hubiesen sido de otra manera, pero supiste sacar de lo que la vida te ofrecía lo mejor.
Llegaron también para ti, días dichosos, llenos de bendiciones, casi felices, pero para ti , lo que de verdad importaba, pertenecía al pasado.
Y cuando por fin sentiste que aunque nada estaba como debiera, al menos todo estaba en su sitio y la resignación estaba a punto de hacer nido en tu alma, entonces nuevamente tu esperanza con un soplo de suerte va y te regala ese día que tanto estabas esperando y la vida te vuelve a sorprender.

Hay que ver que curioso es esto del destino. Volviste a encontrar su mirada. En la tuya él encontró un amor desesperado que supo ver. En la suya, tú, interés por ti y la esperanza de amar y ser amada.

Ahora, tu risa ya no te es ajena y él provoca la tuya. La vida es un camino sin espinas, tiemblas al verlo llegar y sientes que ya lo eres todo para él. Ahora piensas lo hermosa que es la vida, cobijada en su abrazo y se ensancha tu sonrisa. Hay una nueva ilusión en tu vida, tu alma se desborda y el tiempo pasa, llenándote de dicha. Todo pasa y todo llega..

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Relatos cortos de amor


Dentro de mis relatos cortos, no podrían faltar los relatos cortos de amor, llenos de recuerdos, de amores perdidos y de amores que renacen.

La vida es más vida gracias al amor, por eso en  mis relatos de historias de amor cortas encontrarás pasión, sentimientos, amor, deseo.

Disfruta con mis relatos cortos de amor prohibido que os harán traspasar todas las barreras, de mis relatos cortos de amor verdadero, esos que parecen que nunca se acaban o de mis relatos cortos de amor imposible.

El silencio de tu nombre

Pensé, también esto pasará, y pasó; pero dolió, escoció, fue duro y costó.
Llantos, sufrimiento, dudas, tormento, incertidumbre, nostalgia, miedo, fueron compañeros de viaje, pero, todo pasó.
Quedó la resignación.
Pasó el deseo incontrolable de querer morirme entre tus brazos, pues no entendía tu abandono, pasó la angustia de pensar en que pude fallar.
Yo no fallé, todo estaba escrito, éramos dos eslabones rotos de una cadena, no supimos leer entre líneas lo que la vida nos brindaba.
Tú escribiste el final de una mustia realidad.
Ausente a mi dolor te llevaste cada uno de mis sueños, tu corazón se olvidó de mi. Yo, dejé de pronunciar tu nombre, dejaste de existir en mis sueños.
No fue fácil vivir de recuerdos, intentar empezar de nuevo. Maldita cordura de mi tormento que tregua no me dio.
No fue fácil encontrar el valor de volver a creer.
Pero un día, el cielo amaneció soleado, ninguna nube apareció en el cielo, la oscuridad dio paso a la luz, me aferré al olvido y pude mirar atrás sin sentir pena ni dolor.
Entonces pude seguir, nuestros destinos empezaban a alejarse. Jugué a olvidar lo que perdimos, dejé que mis lágrimas aprendieran a sonreír y como la memoria es caprichosa, cuando me ganaba la añoranza pensaba…
¿Cuánto de mi
quedó en ti?
Volvió a ser abril, se acabaron todas las preguntas sin respuestas. Y así fue como encontré la luz del sol.

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Como ella quería

En la boda de la abuela, hubo fiesta y algarabía, porque de no poder casarse por la falta de dinero, al final y sin esfuerzo, tuvo la boda que ella quería.

Ella que era novia, deseaba una boda como Dios manda, pero en su época las cosas escaseaban, además había un problema, festeaba con un primo segundo y hasta al Papa había que pedir dispensa, que además costaba trece duros.

Y quiso la ventura, el destino o las hadas que su boda fuera como ella soñaba, porque la fortuna llamo a la puerta de su padre, el hombre que también andaba preocupado por las circunstancias sin poder se gastó una peseta en lotería y en el numero de la suerte dos mil pesetas se llevaron.

Y le dijo el padre a la hija que arreglara los papeles, que la boda estaba dispuesta y ella se compró un traje negro, como mandaba la época, unas medias con espigas y unos zapatos de charol abotonado,

Y llego su gran día, y del brazo del novio iba, le regalaron, tres tortas y por el camino las repartía como buenamente podía.

Al salir de la iglesia, otra sorpresa la sorprendía, cayó una nevada que palmo y medio media, pero ella estaba contenta que ya no era novia, que ya era esposa por el resto de sus días.

Y como el destino lo quiso en la boda de la abuela hubo arroz, anises y dulces, y hubo fiesta como ella quería.

Y hubo amor entre los dos porque como decía la abuela no hay cosa mejor en el mundo que estar enamorada.

                             Gracias yaya Irene, por todo lo que de ti aprendí… estas siempre en mi corazón.

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Bendito destino

Noviembre, vio nacer su amor, al cerrar la puerta de aquella habitación. Todo se desvaneció, el mundo, el tiempo, la distancia, todo aquello que los separaba.

Lo inmediato eran ellos, el presente, que iba arrancando poco a poco para los dos, haciendo más densos los sentimientos.

Se acercaron despacio, uniendo sus manos. Dos corazones, un solo latido, acompasado uniendo deseos.

Ella, levantó la mirada, miró su rostro, sintió clavados sus profundos ojos verdes, nadie la miraba como él, haciendo estremecer su alma y su cuerpo. Se ruborizó, tan solo un instante, sabía a lo que se comprometían, lo besó.

Él, la recorrió con la mirada, ella le suplicó con un suspiro…. Ámame  despacio.

Él con cada beso, fue curando las heridas, cerrando cicatrices con cada caricia, vistiendo su desnudez de ternuras nuevas. Con un profundo, te quiero, se desvanecieron los temores, dejando todo a un lado, menos el deseo.

Recorrió su espalda, conquistó sus caderas, la llevó con él, con la suavidad de sus besos y la ternura de su alma.

Fueron libres al amarse, al entregarse, al darse enteros y entre beso y beso , la vida, la esperanza el amor se hizo un hueco entre ellos, para no abandonarlos ya nunca.

Bendito destino, que nunca se equivoca, pensaron a la vez, mientras se fundían, convirtiéndose en uno, sabiendo que ese amor les salvaría.

Tocaron con la yema de los dedos el principio de algo que se parecía mucho a la felicidad. Consiguieron que la pena no pesara. Se amaron, sintiendo que eran el amor de sus vidas, sabiendo que ya no podrían vivir sin ese amor .

Sentimientos revoloteando por el aire. Sonrieron cómplices, un cruce de miradas sellando un pacto sin palabras y un destino que los dos se merecían.

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Una vez será

Algún día, cogeré un tren dirección a tu casa.

Llegaré una tarde de invierno, de esas tranquilas y soñadoras que tanto te gustan. Esperaré al anochecer para tocar a tu puerta, no me importará que cuando llegue, estés dormida, y si no me abres, subiré por tu ventana para a hurtadillas, colarme en tu cama y rozar tu cuerpo.

Te despertaré muy despacito, con caricias que iré inventando mientras recorro tu piel, y al mirarnos, nuestros ojos brillaran como centellas y ambos sabremos que todo podrá pasar.

Me regalarás una sonrisa soñadora , encantadora y perezosa, entonces yo, te estrecharé entre mis brazos y te ofreceré millones de estrellas y una luna bien bonita.

En una alfombra de flores, recorreré tu cuerpo entero y con nuestra pasión incendiaremos la noche. Me ahogaré en el mar de tus ojos, me beberé la humedad de tus lágrimas, nos besaremos con ansia. Pronunciaré tu nombre una y otra vez y te abrazaré muy muy fuerte para sentir tu calidez e inocencia.

Respirare tu aliento cálido, penetraré en tu interior a través de tu mirada para llegar a tu corazón. Ni tus palabras, ni tu sensatez, lograran detenerme.

Se producirá un silencio, y por mi cabeza cruzará un pensamiento fugaz, que de de pronto necesitará manifestarse.

-Y yo a ti

¿Por qué te quiero tanto?

Una mirada furtiva tuya, una sonrisa cómplice de los dos, y nuestros destinos que comienzan a rimar.

Te escribiré un poema, tú lo leerás en voz alta, o mejor, en un susurro ,que queda más bonito. Iremos tejiendo palabras en el silencio. Y cuando tus ojos se vayan cerrando vencidos por el sueño, te acunaré en mi pecho y te diré al oído:

-Duerme tranquila,

ya no estas sola.

Así, te dormirás, con pensamientos llenos de ternura, y todo lo mío, quedará en ti, para siempre.

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Esperanza

Nunca borraste de tu recuerdo su sonrisa. Nunca olvidaste aquellos ojos que tan intensamente te habían mirado.
Caminaste sin él a tu lado, fue difícil acompasar tus pasos a los de la tristeza. Cuando las noches se hicieron eternas, aprendiste a encontrarlo en tus sueños, y así, al dormir encontrabas la calma.

En las heladas madrugadas su recuerdo acariciaba tu alma dándote abrigo y cobijo. Aprendiste a vivir la realidad de tu día a día pero a veces, tu imaginación se desmandaba en los momentos de desesperación. Te preguntabas como sería, como estarías, donde se habría metido, que no podías encontrar su mirada entre cientos, miles de miradas, mientras sentías que la vida se escurría entre los dedos, tan solo te respondía tu esperanza…algún día..
Diste pasos en falso, te caíste mas de una vez, aprendiste a levantarte con coraje, con fuerza, nuevamente la esperanza te guiaba…algún día…

Deseabas que las cosas hubiesen sido de otra manera, pero supiste sacar de lo que la vida te ofrecía lo mejor.
Llegaron también para ti, días dichosos, llenos de bendiciones, casi felices, pero para ti , lo que de verdad importaba, pertenecía al pasado.
Y cuando por fin sentiste que aunque nada estaba como debiera, al menos todo estaba en su sitio y la resignación estaba a punto de hacer nido en tu alma, entonces nuevamente tu esperanza con un soplo de suerte va y te regala ese día que tanto estabas esperando y la vida te vuelve a sorprender.

Hay que ver que curioso es esto del destino. Volviste a encontrar su mirada. En la tuya él encontró un amor desesperado que supo ver. En la suya, tú, interés por ti y la esperanza de amar y ser amada.

Ahora, tu risa ya no te es ajena y él provoca la tuya. La vida es un camino sin espinas, tiemblas al verlo llegar y sientes que ya lo eres todo para él. Ahora piensas lo hermosa que es la vida, cobijada en su abrazo y se ensancha tu sonrisa. Hay una nueva ilusión en tu vida, tu alma se desborda y el tiempo pasa, llenándote de dicha. Todo pasa y todo llega..

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