Queridísimo amor mío:
Aquí estoy frente a una hoja en blanco para contarte todo lo que te estoy echando de menos este tiempo que andas ausente. Es mucho más de lo que imaginas.
Creo que podría escribirte durante horas y horas, tengo todos los motivos y lo cierto es que tu ausencia ocupa el centro de mi vida. El destino nos unió cuando ya nada esperábamos y es que se nos olvidó que la vida siempre nos sorprende. No hizo falta decir nada, yo lo entendí, tú lo entendiste, los dos lo entendimos, la vida recomenzaba y nos dejamos sorprender.
Nuestros ojos inquietos recorrieron nuestros cuerpos, recuerdo que por un momento tus ojos se perdieron en los míos, te pregunté qué sucedía y me dijiste que estabas contemplando la primavera y entre abrazos, caricias y besos empezamos a construir nuestro universo, paredes llenas de colores, techos donde guarecernos, suelo firme por donde caminar, donde dejar nuestras huellas y las de nuestro amor. Recuerdo que siempre me decías que tenías sed y solo yo era quien la calmaba, que habías llegado a mi roto y que yo había juntado esos trozos quebrados y los había vuelto a unir, que una noche desesperado, mirando al cielo pediste que tu vida cambiara pues ya no podías más y poco después aparecí yo, brillando como una estrella y puse luz en tu oscuridad.
Di sentido a tu vida, puse orden en el caos. Lo cierto es que eres tú quién me haces brillar, a tu lado soy capaz de iluminar el mundo. A tu lado me siento viva, los días pasan y son todos bonitos, me gusta sentir la caricia del viento, mirar juntos el horizonte y ver la belleza que la vida nos regala.
Nuestra fortaleza es nuestra unión. Hemos fabricado recuerdos, los hemos guardado en la memoria y en el corazón. Hemos tejido con hilos de plata la vida que tanto deseábamos vivir juntos.
A tú lado ha sido fácil recordar lo que vale la pena y enterrar en el olvido lo que no vale la pena.
Cuando la vida se ensombrecía supimos volver a iluminarla, tan solo tuvimos que juntar nuestras manos, sonreír, respirar hondo, desterrar la oscuridad y luchar contra la adversidad y así poco a poco todo mejoraba. Gracias a nuestro amor valía la pena resistir.
Nunca hemos dejado de creer, por eso amor mío, ahora que todo el mundo me dice que te hable, que puedes escucharme, he decidido escribirte esta carta, tomar tu mano y leértela bajito para que mi voz sea tu faro y puedas encontrar el camino de vuelta a mi que te espero aquí tranquila, porque sé que volverás de tus sueños para perderte de nuevo en mis ojos de primavera. Eres y serás el centro de mi vida.
Tuya para siempre

