Solatium

Al girarme,

me vio llorar,

entendió todo

lo que me pasaba

por dentro.

Me regaló una

sonrisa,

y como si quisiera

alargar el tiempo

y las palabras,

me regaló una esperanza,

al decirme,

que en esta vida

no hay coincidencias,

solo destinos hilados,

hilos rotos  que se remiendan

con puntadas de pasión.

Abrazos invisibles

que hacen común un destino.

Que a veces,

las palabras sobran,

ante las miradas sinceras,

que todo está escrito.

Que el tiempo entierra

lo que el corazón no olvida,

pero que la razón

quiere olvidar.

Que hay amores que no duelen

y nunca mueren.

Que hay personas

con las que siempre puedes

ser tú.

Que se puede jugar a inventar

un paraíso

y encontrar algo parecido

a la felicidad.

Que hay desconsuelos

que no tienen remedio,

pero qué,

las estrellas se iluminan

cada noche.

Que la vida es una espiral

que gira y gira

sin parar,

dando vueltas

y parece que nunca

vas a llegar a tu destino,

pero al final,

siempre se llega al destino.

Y que como una vez

en algún libro leyó:

“Nunca alcanzaremos la luna,

porque no se deja,

pero, somos lo que soñamos

y nunca deberíamos dejar de soñar”.

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